miércoles, 17 de febrero de 2016

Nómadas. Mujeres de maleta

Nos gusta el riesgo, las aventuras, leer en cualquier sitio y en cualquier momento, estar en lugares que nadie ha estado –o casi nadie-, caminar bajo la lluvia, perdernos para encontrarnos, volar, identificar cada constelación una noche estrellada, quedarnos con la mirada perdida en la inmensidad de la luna. Las conversaciones profundas, con extraños, con amigos de toda la vida, con personas que acaban de aparecer y ahora son imprescindibles. Coger aviones, trenes, autobuses. Respirar aire puro, inflar los pulmones y sentir que estamos vivas. Vivir el momento, correr intentando adelantar al sol, que no nos alcance, como intentando ser eternamente jóvenes. Descubrir cosas nuevas, texturas, sabores, olores, un nuevo libro, un nuevo grupo de música. Tener momentos surrealistas. Abrir bares y cerrarlos. Beber café -el olor a café y a tostada-. Bañarnos en una playa perdida, haber conseguido subir esa montaña, la luz de un amanecer iluminando nuestra cara, una puesta de sol. Reír, reír hasta que duela la mandíbula. Bailar. Una copa de vino. Experimentar. Nuevas rutinas, nuevos trabajos. No parar, ir de un lado a otro. Ser nómadas. Viajar, sobretodo viajar.


Y es que así somos las mujeres de maleta, las que vamos sin rumbo, las que vamos buscando, siempre buscándonos a nosotras mismas.

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